Ayer, en la tarde, me sorprendí pensando en mi padrino pidiendo un trago en algún bar, o restaurant que frecuentara. Me imagino lo vivo que se sentía cuando trabajaba doce horas al día. ¿Cómo se murió tan rápido?
Quiero ver sus trajes, sus zapatos, sus corbatas. Quiero ver sus cámaras, sus videos, sus cables.
Quiero pensar en el pidiendo su desayuno y un té o bebida caliente de apple cider. No lo entiendo, necesito verlo.
Supongo que parte de la crisis que viví con lo de mi Mamá fue que no tuve objetos de transición. La ropa que dejó, rápidamente cruzó entre manos y ahora guardo pocos recuerdos de ella.
La verdad es que cosas como las fotografías son frías en asuntos de muerte. Barthes sigue hablando en mi cabeza sobre el triste destino de la imagen del objeto perdido... Le falta ese aliento de vida.
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